1Oh Señor, oye mi ruego pidiendo justicia; escucha mi grito de auxilio. Presta oído a mi oración, porque proviene de labios sinceros. 2Declárame inocente, porque tú ves a los que hacen lo correcto. 3Pusiste a prueba mis pensamientos y examinaste mi corazón durante la noche; me has escudriñado y no encontraste ningún mal. Estoy decidido a no pecar con mis palabras. 4He seguido tus mandatos, los cuales me impidieron ir tras la gente cruel y perversa. 5Mis pasos permanecieron en tu camino; no he vacilado en seguirte. 6Oh Dios, a ti dirijo mi oración porque sé que me responderás; inclínate y escucha cuando oro. 7Muéstrame tu amor inagotable de maravillosas maneras. Con tu gran poder rescatas a los que buscan refugiarse de sus enemigos. 8Cuídame como cuidarías tus propios ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas. 9Protégeme de los perversos que me atacan, del enemigo mortal que me rodea. 10No tienen compasión; ¡escucha cómo se jactan! 11Me rastrean y me rodean, a la espera de cualquier oportunidad para tirarme al suelo. 12Son como leones hambrientos, deseosos por despedazarme; como leones jóvenes, escondidos en emboscada. 13¡Levántate, oh Señor! ¡Enfréntalos y haz que caigan de rodillas! ¡Con tu espada rescátame de los perversos! 14Con el poder de tu mano, oh Señor, destruye a los que buscan su recompensa en este mundo; pero sacia el hambre de los que son tu tesoro. Que sus hijos tengan abundancia y dejen herencia a sus descendientes. 15Porque soy recto, te veré; cuando despierte, te veré cara a cara y quedaré satisfecho.
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