1¡Oh Dios, no guardes silencio! No cierres tus oídos; no te quedes callado, oh Dios. 2¿No oyes el alboroto que hacen tus enemigos? ¿No ves que tus arrogantes adversarios se levantan? 3Inventan intrigas astutas contra tu pueblo; conspiran en contra de tus seres preciados. 4«Vengan —dicen—, exterminemos a Israel como nación; destruiremos hasta el más mínimo recuerdo de su existencia». 5Efectivamente, esta fue su decisión unánime. Firmaron un tratado de alianza en tu contra: 6los edomitas y los ismaelitas; los moabitas y los agarenos; 7los giblitas, los amonitas y los amalecitas; y los habitantes de Filistea y de Tiro. 8Asiria también se unió a ellos y se alió con los descendientes de Lot.Interludio 9Haz con ellos lo mismo que hiciste con los madianitas y como hiciste también con Sísara y con Jabín en el río Cisón. 10Fueron destruidos en Endor, y sus cadáveres en descomposición fertilizaron la tierra. 11Que sus poderosos nobles mueran como murieron Oreb y Zeb; que todos sus príncipes mueran como Zeba y Zalmuna, 12porque dijeron: «¡Vamos a apoderarnos de estos pastizales de Dios y a usarlos para nuestro beneficio!» 13¡Oh mi Dios, espárcelos como a arbustos que ruedan, como a paja que se lleva el viento! 14Así como el fuego quema un bosque y una llama incendia las montañas, 15persíguelos con tu tormenta feroz, atérralos con tu tempestad. 16Desacredítalos por completo hasta que se sometan a tu nombre, oh Señor. 17Que sean avergonzados y aterrorizados para siempre; que mueran en deshonra. 18Entonces aprenderán que solo tú te llamas el Señor, que solo tú eres el Altísimo, supremo sobre toda la tierra.
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