1 ¡Vengan, cantemos al Señor!     Aclamemos con alegría a la Roca de nuestra salvación. 2 Acerquémonos a él con acción de gracias.     Cantémosle salmos de alabanza, 3 porque el Señor es Dios grande,     un gran Rey sobre todos los dioses. 4 En sus manos sostiene las profundidades de la tierra     y las montañas más imponentes. 5 El mar le pertenece, pues él lo creó;     sus manos también formaron la tierra firme. 6 Vengan, adoremos e inclinémonos.     Arrodillémonos delante del Señor, nuestro creador,     7 porque él es nuestro Dios. Somos el pueblo que él vigila,     el rebaño a su cuidado. ¡Si tan solo escucharan hoy su voz! 8 El Señor dice: «No endurezcan el corazón como Israel en Meriba,     como lo hizo el pueblo en el desierto de Masá. 9 Allí sus antepasados me tentaron y pusieron a prueba mi paciencia,     a pesar de haber visto todo lo que hice. 10 Durante cuarenta años estuve enojado con ellos y dije: “Son un pueblo cuyo corazón se aleja de mí;     rehúsan hacer lo que les digo”. 11 Así que en mi enojo juré:     “Ellos nunca entrarán a mi lugar de descanso”».
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