Letra completa

Frente a mí se paró un muro que el cielo quería tapar.
Con palabras de desprecio me intentaba intimidar.
Él traía lanza y escudo, mucha fuerza y armadura,
pero yo traía una fe que no conoce la mesura.
No ocupo de ejércitos grandes ni de espadas de metal.
Llevo el nombre del eterno como mi escudo real.
Y aunque todo el valle tiemble por el grito del rival,
yo camino por la senda de un decreto celestial.

Doy un paso de gigante porque Dios va aquí conmigo.
Que el acordeón proclame que él es mi mejor amigo.
Que retumbe esa tuba, motor de mi confianza.
Que la piedra más pequeña hoy se firma mi esperanza.
Hijo del Dios vivo, caminando con altura,
derribando los problemas con su santa investidura.

Cambie mis miedos de niño por la unción que me dio el rey.
Ahora entiendo que el espíritu manda sobre la ley.
Si el problema se hace grande o la envidia me rodea,
mi Dios es el capitán que por mi causa hoy pelea.
Soy del norte del reino con orgullo y devoción.
Llevando en cada paso una señal de bendición.

Doy un paso de gigante porque Dios va aquí conmigo.
Que el acordeón proclame que él es mi mejor amigo.
Que retumbe esa tuba, motor de mi confianza.
Que la piedra más pequeña hoy se firma mi esperanza.
Hijo del Dios vivo, caminando con altura,
derribando los problemas con su santa investidura.

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Frente a mí se paró un muro que el cielo quería tapar. Con palabras de desprecio me intentaba intimidar. Él traía lanza y escudo, mucha fuerza y armadura, pero yo traía una fe que no conoce la mesura. No ocupo de ejércitos grandes ni de espadas de metal. Llevo el nombre del eterno como mi escudo real. Y aunque todo el valle tiemble por el grito del rival, yo camino por la senda de un decreto celestial.